Anticipo o pago contra entrega: cómo estructurar sus cobros
La forma en que divide el pago decide si trabaja tranquilo o financiando al cliente con su propio bolsillo.
Cobrar todo al final suena generoso, pero lo deja asumiendo el riesgo completo: pone su tiempo, sus gastos y su equipo, y solo ve el dinero si el cliente cumple. Estructurar el pago no es desconfianza, es repartir el riesgo de forma justa. Estos son los tres esquemas más usados y cuándo conviene cada uno.
50/50: la mitad al inicio, la mitad al entregar
El estándar para la mayoría de trabajos cortos. El anticipo reserva la fecha y cubre sus costos iniciales; el saldo se paga contra entrega. Úselo en sesiones de fotografía, diseños puntuales y proyectos de una a dos semanas.
Por hitos: 40/30/30 o similar
Para proyectos largos (una identidad de marca, un video con producción, una web). Divida el pago en etapas: inicio, aprobación del concepto y entrega final. Así cobra a medida que avanza y nunca queda con semanas de trabajo sin pagar.
Contra entrega: solo con confianza ganada
Cobrar todo al final tiene sentido con clientes recurrentes que siempre pagan, o con empresas cuyo proceso de pago es a 30 días y ya conoce. Para un cliente nuevo, es el esquema más riesgoso: evítelo hasta que la relación lo justifique.
Deje el anticipo por escrito
El esquema que elija debe estar en la cotización y en el contrato: monto, fechas y qué pasa si el cliente cancela después del anticipo. Un anticipo pactado de palabra no es un anticipo, es una promesa.
Cobre en abonos sin perder la cuenta
Si permite pagos parciales, lleve el registro de cada abono y del saldo. El cliente valora la flexibilidad, y usted no puede permitirse olvidar cuánto le queda por cobrar de cada proyecto.
Cobre por hitos y siga cada abono
Estudio registra anticipos y abonos, calcula el saldo pendiente y le avisa qué falta cobrar en cada proyecto.
Crear cuenta gratis